El error más grave en las entrevistas de trabajo

Nov 26, 2021 | RRHH

Cuando uno termina una entrevista de trabajo y le preguntas “¿qué tal?”, lo más normal es que la percepción que tiene uno mismo no se corresponda con la realidad. A ti te parece que ha ido bien y es posible que haya sido al contrario (o viceversa). Es muy difícil acertar.

Las entrevistas de selección son pruebas poco o nada inteligentes, donde lo que prima son aspectos emocionales, de conexión, de simpatía, etc. Para el candidato, lo importante es caer bien, sintonizar con el entrevistador. No es una prueba racional, por ello, los elementos formales son tan importantes. Uno de ellos, sino el que más, es la apariencia física.

Después de mucho tiempo todos hemos aprendido cómo debemos acudir a una entrevista de trabajo, cuáles son las normas de vestuario clásicas y las más adecuadas para cada posición. No es lo mismo un aspirante a abogado que un diseñador web; y cada una de estas posiciones tiene su propio código de vestimenta. Pero aparte de estos casos, hay unas normas generales que la mayoría conoce y que cumple razonablemente bien.

Pero ¿qué pasa cuando la entrevista es en digital o nos piden un vídeo CV? Pues que parece que nos hemos olvidado de todo lo anterior… Estamos en casa, nos piden que nos grabemos un vídeo CV, y adelante, como si no existieran los espejos, a calzón quitado (a veces literalmente).

Es muy común, más de lo razonable y de lo esperado, especialmente en los videocurrículums, que los candidatos se presenten con un aspecto muy alejado de los códigos de vestimenta aceptados mayoritariamente, por no hablar de otros elementos colaterales como el sonido, la luz, el plano. En ocasiones da la impresión de que muchos no se paran a ver cómo ha quedado el vídeo antes de enviarlo. No se exige un manejo extraordinario del medio audiovisual, pero un poquito de narcisismo y cumplir con unos básicos no vendría mal.

Este grave error condiciona como si fuera un elemento contaminador y hace dudar de cualquiera de los méritos que presente el candidato. Uno se pregunta: ¿no le interesa suficientemente el puesto?, ¿cuándo venga a trabajar irá igual?, ¿si tiene que visitar a un cliente lo hará del mismo modo?  En fin, el clásico de todos los clásicos: ¿le comprarías a este tipo un coche usado?

La imagen personal, a través de un determinado código de vestimenta, genera sensaciones de forma automática en el receptor que pueden ir desde la aceptación, la admiración, hasta el rechazo. Conseguir crear una sensación de rechazo por una imagen de desidia es algo que sólo los grandes cerebros, o los millonarios, se pueden permitir. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, o Steve Jobs, fundador de Apple, se pueden permitir asistir a grandes eventos en camiseta y pantalones vaqueros, porque son unos profesionales contrastados, incluso unos referentes, en su ámbito de actividad.

¿Y si no eres un millonario ni una celebridad? Pues deberás evitar este grave error y ponerle un poco de interés, de atención, de cuidar los detalles. Como decía Óscar Wilde: “no existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión”. Después ya podremos hablar de nuestro libro.